Charles Robert Darwin (1809-1882)

 

Nació en Shrewsbury, Reino Unido, 1809. Fue el quinto hijo de una familia inglesa de buena posición. Su padre era médico y su abuelo paterno el famoso médico, filósofo, naturalista y poeta inglés Erasmus Darwin.

Ya desde la infancia dio muestras de una gran inclinación por la historia natural y la colección de objetos (conchas, minerales, monedas). Si bien su padre lo indujo a ingresar en la Universidad de Edimburgo para estudiar medicina (1825), y más tarde en el Christ's College de Cambridge, para convertirse en ministro de la iglesia de Inglaterra (1828), Darwin se entusiasmó más con el estudio de las ciencias naturales, estimulado por la lectura de Humboldt. Es así que en Cambridge, en lugar de los cursos obligatorios, se interesó más por las clases optativas del botánico y entomólogo reverendo John Henslow, quien le enseñó a ser un observador meticuloso y cuidadoso de los fenómenos naturales y a ser un coleccionista de especímenes.

Henslow tuvo una importancia fundamental para el futuro de Darwin: al terminar sus estudios en 1831 lo interesó por la geología y le presentó a Adam Sedgwick, fundador del sistema cambriano; y recomendó ampliamente a Darwin para embarcarse como naturalista en el H.M.S. Beagle, que al mando del capitán Fitzroy estaba por comenzar un viaje de investigación alrededor del mundo (181-1836).

Si bien Fitzroy, seguidor de las teorías fisiognómicas del sacerdote suizo Johann Caspar Lavater, estuvo a punto de desestimarlo ya que estimaba que la nariz de Darwin no revelaba energía y determinación suficientes para la empresa,  el 27 de diciembre de 1831 el Beagle zarpó de Davenport con Darwin a bordo y dispuesto a comenzar la que él llamó su «segunda vida».

El viaje del Beagle

El objetivo de la expedición dirigida por Fitzroy era el de completar el estudio topográfico de los territorios de la Patagonia y la Tierra del Fuego, el trazado de las costas de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y la realización de una cadena de medidas cronométricas alrededor del mundo. El periplo, de casi cinco años de duración, llevó a Darwin a lo largo de las costas de América del Sur, para regresar luego durante el último año visitando las islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio y Sudáfrica.

   A bordo del Beagle, Darwin encontró que muchas de sus observaciones de fósiles y plantas y animales encajaban sin duda en la teoría uniformista de Lyell. Notó por ejemplo, que ciertos fósiles de especies supuestamente extintas recordaban estrechamente especies vivientes en la misma área geológica.

Regreso, matrimonio

Al regresar a Inglaterra en octubre de 1836 Darwin trabajó activamente en la redacción de su diario del viaje (publicado en 1839) y en la elaboración de dos textos que presentarán sus observaciones geológicas y zoológicas.

En 1839 contrajo matrimonio con su prima, Emma Wedgwood, residiendo en Londres hasta setiembre de 1842, cuando el matrimonio se mudó a Down, condado de Kent, buscando un género de vida que se adecuase mejor a los frecuentes períodos de enfermedad que, a partir del regreso de su viaje, afligieron constantemente a Darwin.Durante los primeros años de su estancia en Down, Darwin completó la redacción de sus trabajos sobre temas geológicos y una nueva edición de su diario de viaje, que en un principio había aparecido formando parte de la obra publicada por Fitzroy sobre sus expediciones

Teoría de la Selección Natural

En julio de 1837, Darwin ya había empezado a escribir su primer cuaderno de notas sobre sus nuevos puntos de vista acerca de la «transmutación de las especies», que se le fueron imponiendo al reflexionar acerca de sus propias observaciones sobre la clasificación, las afinidades y los instintos de los animales, y también como consecuencia de un estudio exhaustivo de cuantas informaciones pudo recoger relativas a las transformaciones experimentadas por especies de plantas y animales domésticos debido a la intervención de criadores y horticultores.

Sus investigaciones, realizadas sobre la base de «auténticos principios baconianos», pronto le convencieron de que la selección era la clave del éxito humano en la obtención de mejoras útiles en las razas de plantas y animales. La posibilidad de que esa misma selección actuara sobre los organismos que vivían en un estado natural se le hizo patente cuando en octubre de 1838 leyó «como pasatiempo» el ensayo de Malthus sobre la población. Dispuesto a percibir la presencia universal de la lucha por la existencia, por sus prolongadas observaciones sobre los hábitos de animales y plantas, se le ocurrió que las variaciones favorables tenderían a conservarse, mientras que las desfavorables desaparecerían, con el resultado de la formación de nuevas especies. Darwin estimó que, «al fin, había conseguido una teoría con la que trabajar».  En junio de 1842 se permitió el placer privado de un resumen muy breve -35 páginas escritas a lápiz-, que amplió hasta 230 páginas en el verano del año 1844.

Otros trabajos científicos

Sin embargo, preocupado por evitar los prejuicios que su teoría podía despertar, decidió abstenerse por un tiempo de «escribir siquiera el más sucinto esbozo de la misma», por lo que prefirió dedicarse a su teoría sobre la formación de los arrecifes de coral por el crecimiento de éste en los bordes y en la cima de islas que se iban hundiendo lentamente, siendo éste el primero, de entre los logros científicos obtenidos por Darwin durante el viaje, en ver la luz (1842).

Junto a éste y al establecimiento de la estructura geológica de algunas islas como Santa Elena, está el descubrimiento de la existencia de una cierta semejanza entre la fauna y la flora de las islas Galápagos con las de América del Sur, así como de diferencias entre los ejemplares de un mismo animal o planta recogidos en las distintas islas, lo que le hizo sospechar que la teoría de la estabilidad de las especies podría ser puesta en entredicho. Fue la elaboración teórica de esas observaciones la que, años después, resultó en su enunciado de las tesis evolutivas.

De 1846 a 1854 Darwin estuvo ocupado en la redacción de sus monografías sobre los cirrípodos. Esos años de trabajo sirvieron para convertirlo en un verdadero naturalista según las exigencias de su época, añadiendo al aprendizaje práctico adquirido durante el viaje la formación teórica necesaria para abordar el problema de las relaciones entre la historia natural y la taxonomía. Además, sus estudios sobre los percebes le reportaron una sólida reputación entre los especialistas, siendo premiados en noviembre de 1853 por la Royal Society, de la que Darwin era miembro desde 1839.

Ahora sí

A comienzos de 1856 Lyell aconsejó a Darwin que trabajara en el completo desarrollo de sus ideas acerca de la evolución de las especies. Darwin emprendió entonces la redacción de una obra que, aun estando concebida a una escala tres o cuatro veces superior de la que luego había de ser la del texto efectivamente publicado, representaba, en su opinión, un mero resumen del material recogido al respecto. Pero, cuando se hallaba hacia la mitad del trabajo, sus planes se fueron al traste por un suceso que precipitó los acontecimientos: en el verano de 1858 recibió un manuscrito que contenía una breve pero explícita exposición de una teoría de la evolución por selección natural, que coincidía exactamente con sus propios puntos de vista. El texto, remitido desde la isla de Ternate, en las Molucas, era obra de Alfred Russell Wallace, un naturalista que desde 1854 se hallaba en el archipiélago malayo y que ya en 1856 había enviado a Darwin un artículo sobre la aparición de especies nuevas con el que éste se sintió ampliamente identificado. En su nuevo trabajo, Wallace hablaba como Darwin, de «lucha por la existencia», una idea que, curiosamente, también le había venido inspirada por la lectura de Malthus.

Darwin dudó acerca de cómo proceder respecto de la publicación de sus propias teorías, llegando a manifestar su intención de destruir sus propios escritos antes que aparecer como un usurpador de los derechos de Wallace a la prioridad. El incidente se saldó de manera salomónica merced a la intervención de Lyell y del botánico Joseph Dalton Hooker, futuro director de los Kew Gardens y uno de los principales defensores de las teorías evolucionistas de Charles. Darwin resumió su manuscrito, que fue presentado ante la Linnean Society el 1 de julio de 1858, junto con el trabajo de Wallace y con un extracto de una carta remitida por Darwin el 5 de septiembre de 1857 al botánico estadounidense Asa Gray, en el que constaba un esbozo de su teoría. Wallace no puso nunca en cuestión la originalidad de las ideas de Darwin, agregando que él no poseía «el amor por el trabajo, el experimento y el detalle tan preeminente en Darwin, sin el cual cualquier cosa que yo hubiera podido escribir no habría convencido nunca a nadie».

Tras el episodio, Darwin, obligado a dejar de lado sus vacilaciones por lo que a la publicidad de sus ideas se refería, abordó la tarea de reducir la escala de la obra que tenía entre manos para enviarla cuanto antes a la imprenta; en «trece meses y diez días de duro trabajo» quedó por fin redactado el libro On the Origin of Species by means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life, del que los primeros 1.250 ejemplares se vendieron el mismo día de su aparición, el 24 de noviembre de 1859.

La reacción al Origen fue inmediata. Algunos biólogos argumentaron que Darwin no pudo probar su hipótesis, en tanto que otros criticaron el concepto de variación, argumentando que el no pudo explicar ni el origen de las variaciones ni como se pasaron a las generaciones sucesivas. Esta objeción científica en particular no se contestó hasta el nacimiento de la genética moderna en los inicios del siglo XX. De hecho, muchos científicos continuaron expresando sus dudas durante los siguientes 50 a 80 años.

Los ataques más publicados sobre las ideas de Darwin, no vinieron de los científicos sino de los opositores religiosos. Las implicaciones teológicas de la obra, que atribuía a la selección natural facultades hasta entonces reservadas a la divinidad, fueron causa de que inmediatamente empezara a formarse una enconada oposición, capitaneada por el paleontólogo Richard Owen, quien veinte años antes había acogido con entusiasmo las colecciones de fósiles traídas por Darwin de su viaje.

Darwin se mantuvo apartado de la intervención directa en la controversia pública hasta 1871, cuando se publicó su obra The Descent of Man and Selection in Relation to Sex, donde expuso sus argumentos en favor de la tesis de que el hombre había aparecido sobre la Tierra por medios exclusivamente naturales.

En 1872, con The Expression of the Emotions in Man and Animals, obra seminal de lo que luego sería el estudio moderno del comportamiento, Darwin puso fin a sus preocupaciones por los problemas teóricos y dedicó los últimos diez años de su vida a diversas investigaciones en el campo de la botánica.

A finales de 1881 comenzó a padecer graves problemas cardíacos y falleció a consecuencia de un ataque al corazón el 19 de abril de 1882.