Pág. de inicioEscenario de cambio climático para la Argentina

 

Efecto Invernadero

Ciertos gases que componen la atmósfera terrestre como: vapor de agua (H2O), dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), ozono (O3), óxido nitroso (NO2), y algunos compuestos halogenados (CFC), intervienen activamente en los procesos de intercambio de radiación que definen características salientes del clima terrestre. En ausencia de estos gases, la temperatura media global de la atmósfera en las proximidades de la superficie descendería de su valor actual de 15°C a aproximadamente -18°C. Este efecto natural de calentamiento de nuestra atmósfera, que hace posible la vida tal como se manifiesta en nuestro planeta, es conocido como efecto invernadero. Por extensión, los gases que intervienen en el mismo se denominan Gases Invernadero (GI).

Para comprender el efecto invernadero es necesario describir brevemente como funciona el balance de energía de nuestro sistema climático.

Balance de energía del sistema climático terrestre

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De cada 100 unidades del flujo total de radiación solar (o de onda corta) que llega al tope de la atmósfera, 23 unidades son absorbidas por ésta: el O3 estratosférico y el vapor de agua troposférico absorben 19 unidades, y el agua líquida en las nubes 4 unidades. La superficie de los océanos y los continentes absorben 46 unidades. Las 31 unidades restantes son reflejadas hacia el espacio exterior: las nubes reflejan 17 unidades, la superficie del planeta 6 unidades, y los gases que componen la atmósfera dispersan hacia el espacio exterior 8 unidades. Estas últimas 31 unidades no participan en los procesos e interacciones del sistema climático. La energía absorbida por éste (69 unidades) es convertida en calor, movimiento de la atmósfera y de los océanos (energía cinética), y energía potencial (Peixoto, J.P. y A.H. Oort, 1991).

 

Los GI se caracterizan por absorber una parte importante de la radiación emitida por la superficie de la tierra (o radiación de onda larga). Aproximadamente 106 de la 115 unidades de radiación terrestre son absorbidas por los GI; sólo 9 unidades escapan hacia el espacio exterior. Adicionalmente, la atmósfera recibe desde la superficie un flujo de calor sensible (7 unidades) y de calor latente (24 unidades). La radiación terrestre absorbida por los GI es irradiada nuevamente en todas direcciones. La parte irradiada hacia el espacio exterior (60 unidades) contribuye al enfriamiento del sistema tierra-atmósfera. La parte re-irradiada hacia la superficie de la tierra (100 unidades) reduce su pérdida de calor e incrementa su temperatura en aproximadamente 33° C. Esto explica el denominado efecto invernadero.

Las emisiones de GI producidas por diferentes actividades humanas tienden a incrementar progresivamente sus concentraciones en la atmósfera. Esto intensificará a su vez el efecto invernadero, ocasionando un aumento de la temperatura media global de la superficie de la tierra designado calentamiento global.

En respuesta a este proceso, las circulaciones atmosférica y oceánica, la intensidad y distribución de la precipitación (lluvia o nieve), y la altura del nivel del mar, entre otros aspectos del clima, podrían sufrir alteraciones apreciables que afectarían el equilibrio de los ecosistemas naturales y las actividades productivas del hombre. Como estos cambios asumirían características regionales y estacionales diversas, su estudio constituye el objeto central de las investigaciones sobre el cambio climático.

El gas que más contribuye al total del efecto invernadero es el vapor de agua. Le sigue en importancia el dióxido de carbono. El CO2 fluye entre tres reservorios principales en el medio ambiente: la atmósfera, con un contenido de 720 GtC (1 GtC = 1 gigatonelada de carbono, o mil millones de toneladas de carbono), la biosfera, con 1500 GtC, y los océanos con 38000 GtC. Se estima que antes del inicio de la era industrial la concentración atmosférica de CO2 era de 265 a 290 ppm. Desde entonces su concentración se ha incrementado aproximadamente en un 30%.

La principal fuente de este incremento es la combustión de petróleo, gas y carbón que aporta 6.0± 0.5 GtC/año. Otra fuente de CO2 se origina en los cambios en el régimen de explotación de la tierra, especialmente la deforestación, que aporta aproximadamente 1.6 GtC/año. De estos aportes, sólo un 46% permanece en la atmósfera. El principal sumidero de este gas se encuentra en los océanos, y aunque su magnitud aún no está bien cuantificada se estima que absorben 2.0± 0.8 GtC/año. Otro sumidero importante lo constituye la regeneración de bosques, pero no a podido ser debidamente cuantificado. Existe una disparidad de 2 GtC/año entre fuentes y sumideros cuantificados. Este "sumidero desconocido" introduce una incertidumbre en las estimaciones de la futura concentración atmosférica de CO2 y, consecuentemente, en la evaluación de su efecto sobre el clima terrestre.