La atmósfera, los océanos, los continentes, las grandes masas de
hielo y nieve, y los organismos vivientes de nuestro planeta, son los principales
componentes de nuestro medio ambiente. Todos ellos se encuentran en un estado de
permanente interacción a través del intercambio de flujos de materia (Ejemplo: flujos de
agua líquida o vapor, otros gases y partículas) y energía (Ejemplo: radiación
electromagnética y calor). En particular, los procesos físicos y químicos internos de
la atmósfera y el conjunto de sus interacciones con los otros componentes del medio
ambiente constituyen lo que, en un sentido amplio, se denomina el sistema climático
terrestre.

El clima es el estado característico de este sistema, determinado a
través de las mediciones de un conjunto de variables atmosféricas tales como:
temperatura, presión, velocidad del viento, radiación, etc. Las características de ese
estado se expresan mediante valores medios y otros momentos estadísticos superiores de
esas variables, obtenidos en base a un período suficientemente prolongado de
observaciones (usualmente no menor a 30 años).
El clima terrestre ha sufrido importantes cambios en el pasado, como lo
revelan los indicios de grandes avances y retrocesos de los glaciares. Existen también
registros de cambios climáticos en épocas más recientes, así como la presunción de
que éstos seguirán ocurriendo en el futuro por tratarse de un sistema dinámico que
tiende hacia un estado de equilibrio termodinámico. Los cambios climáticos pueden
ocurrir en las más variadas escalas de tiempo y espacio.
Los principios físicos básicos de conservación de la masa, el
momento y la energía, así como diversas leyes de la radiación y de los procesos
dinámicos y termodinámicos, son aplicables a la atmósfera. El cuerpo de leyes
resultantes permite explicar numerosos procesos e interacciones atmosféricos
fundamentales, aún cuando en la actualidad no constituye una teoría comprensiva del
clima.